Escribo esta columna sintiendo mucha angustia, incertidumbre y desesperanza. Lo que ha pasado en la última semana es aterrador. Son varias las reflexiones que me dejan estas noches negras de caos y violencia.

Todavía no puedo creer que estemos en medio de un paro en la crisis social y económica más grande de la historia reciente. Las cifras del DANE son alarmantes; las afectaciones que trajo el virus hicieron que Colombia retrocediera casi una década en la lucha contra la pobreza. En total, más de 21,02 millones de personas viven en condiciones de pobreza y 7,47 millones en pobreza extrema.

Muchos creíamos que la pandemia iba a unirnos como país, que los gobernantes y políticos remarían para un mismo lado sin importar si eran de izquierda, centro o derecha; pero desafortunadamente, carecemos de liderazgos positivos y de grandeza en nuestros gobernantes. Llevamos más de un año en pandemia y aún no se ha creado una mesa con todas las fuerzas políticas que concilien las reformas necesarias para salir del hueco en el que estamos.

Cómo sería de distinta la historia si la reforma tributaria hubiese salido de esta mesa y no de la oficina del arrogante exministro Carrasquilla que desde el principio puso en jaque al gobierno por creerse omnipotente.

Hoy estamos en manos de un comité del paro, que nadie sabe quiénes son, ni quién los eligió ni mucho menos a quién representan, pero que tienen el poder de paralizar la economía del país; porque hasta ahora nunca han tenido consecuencias penales ni pecunarias los bloqueos que realizan. El día que las tengan la historia será otra.

Analizando el pliego, una de las exigencias es que los niños no regresen a la escuela, por los riesgos de la pandemia. Señores, llevan 10 días en la calle con miles de personas y ahora nos van a decir que le temen al COVID. No sean descarados. El gobierno no puede ceder ante esto ya que estaría violando el derecho de millones de niños y jóvenes que a la fecha llevan más de un año sin estudiar.

Adicionalmente, el diario La República calculó que el costo fiscal aproximado de 3 de los puntos del pliego sería de $81,5 billones, una cifra que es más de cinco veces el recaudo que se buscaría con el nuevo articulado de la reforma tributaria.

Por supuesto que, en el mundo ideal, todos quisiéramos que los colombianos tuvieran una renta básica de al menos un salario mínimo, pero no existen los recursos para hacerlo.

Lo cierto es que si se quiere que esto sea una realidad se debe incentivar a la empresa privada y no ahuyentar la inversión extranjera, quebrar a las pymes y a las grandes empresas que son las que generan empleo.

¿Cuánto más tendremos que esperar para que se levante el paro? Lo cierto es que bloquear las carreteras, no dejar pasar a los enfermos ni la comida no es un derecho fundamental. ¡Esto es un delito! Colombia entera debe rechazarlo y exigir que se levante.

Por: Cristina Plazas

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Nicolas Espinosa Estevez

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