Editorial.                    

Por estos días de pandemia hemos confirmado lo frágil y efímera que es la vida y que nadie, absolutamente nadie, tiene la vida comprada ni garantizada, y es por ello que vale la pena insistir en la necesidad de lograr la reconciliación, que quizás sea una utopía entre los colombianos a nivel político, pero no a nivel de familia.

Siempre hay alguien que nos ha hecho daño o quizás somos nosotros los que con una palabra o acción lo hemos causado a otra persona, pero de algo tenemos que estar seguros y es que Dios quiere que predomine el perdón y el amor entre los seres humanos.

Y es que el Padre Nuestro que enseñó nuestro señor Jesucristo lo dejó claramente sentenciado. La misma palabra de Dios dice en Mateo 6:14-15  “Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas”.

Lo cierto es que perdonar no es fácil, en nuestras fuerzas es muy difícil, y por eso corresponde pedirle al todopoderoso que nos de sabiduría, fortaleza y un corazón perdonador  para superar esos sentimientos de odio, rencor, y de sed de venganza.

Debemos ser conscientes que la primera persona que gana cuando hay perdón es la que perdona. Sabiamente lo rezan las Escrituras en Proverbios 17:9 “El que perdona la ofensa cultiva el amor; el que insiste en la ofensa divide a los amigos.

Un paso importante para lograr la reconciliación es aprender a no juzgar a los demás. Muchas “peleas” que hay en la familia o en nuestro ambiente de trabajo, es porque somos muy dados a ser jueces y esas afirmaciones que emitimos causan distanciamientos.

Es necesario seguir la instrucción del Creador cuando en Efesios 4:32 manifiesta, “Más bien, sean bondadosos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo”.

Pero me dirán, es  que lo que me hizo es difícil de perdonar y eso no tiene perdón de Dios; pues la verdad si lo tiene, porque el único pecado que no tiene perdón del Padre es la blasfemia contra el Espíritu Santo como lo expresa Mateo 12:31 “Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada”.

No perdonar es un veneno que se ingiere y que poco a poco va consumiendo su interior, sus huesos, y es generador de cientos de males y de enfermedades como científicamente se ha demostrado.  Para algunos perdonar es dejar que la otra persona gane, pero es ahí donde el ego y el orgullo deben morir, no importa que resulte más humillante, pero dejar esos hechos en manos de Dios para que Él haga justicia es mucho más saludable y es una actitud que se convierte en una espiral de gozo que no podrás parar.

A la luz de las sagradas escrituras, hacer la voluntad de Dios se resume en amar a Dios sobre todas las cosas y amar al prójimo. De esta manera, cumpliendo con esos dos principios, estaremos en la  capacidad para que en condición de hijos no juzguemos a nuestros padres y en condición de padres los podamos amar de manera que podamos sembrar su Palabra en sus corazones de tal forma  que salgan al mundo a tender una mano y no a golpear con ella.

Por John Didier Rodríguez Marín  

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