Editorial. Opinión.

                                                                          Por: John Didier Rodríguez Marín

Nuevamente el país está escandalizado con hechos de corrupción como el que se puso al descubierto con el contrato por un billón de pesos entre Centros Poblados y el Ministerio de las Tic con un viejo protagonista del pasado como Emilio Tapia.

Algo no está bien. O la cabeza de este individuo que a pesar de haber sido condenado por el carrusel de la contratación en Bogotá, volvió a meterle un gol al país, o el sistema judicial es demasiado benévolo, o las normas de contratación son frágiles o la corrupción no tiene remedio.

Pero no hay día que el país no se queje de la corrupción en la administración pública, pero resulta que la deshonestidad está en todos los ámbitos de nuestra sociedad y de ahí que sea urgente que se impulse una renovación del pensamiento sobre la importancia de cultivar principios como el no robar.

Sí, así como expresa desde siempre la palabra de Dios en Éxodo 20:15 que dice “No robarás”, siendo este uno de los mandamientos más violados en todos los tiempos y en todos los países, en unos más que otros, claro está.

Sin lugar a dudas, este comportamiento de quedarnos con lo que no es nuestro, debe ser evitado con la formación que los padres deben hacer con cada uno de sus hijos pero en la mayoría de los casos el ejemplo que se recibe en casa es contrario a lo que todos quisiéramos.

Nos duele la corrupción y en cada campaña política escuchamos ese discurso en que se comprometen con luchar contra este flagelo, pero a todas luces esto parece una misión imposible porque “el cómo voy yo” tiende a ser un común denominador en la mente del ser humano.

Incluso el querer sacar ventaja en todo, lo vemos en la simple fila que se debe hacer para acceder a un evento o a un servicio, los que se cuelan en el transporte, el que no da las devueltas completas, la tienda que pesa con una raya menos, en fin, en todas las actividades se ve este fenómeno.

Y que hablar de los hombres armados que atracan y matan por un celular o por una bicicleta, así que este mandamiento que entregó el Eterno en dos tablas de la ley a Moises, es uno de los más vulnerados y que está llevando a nuestra sociedad a un ambiente de caos y angustia.

Es evidente que el hombre está lejos de Dios, no hay temor, porque incluso lo que se ve hoy por hoy es que aumentan los niveles de delincuencia, lo anormal a punta de repetirse se vuelve normal, a lo malo llaman bueno y a lo bueno, llaman malo.

Mientras el hombre no conozca  a Dios, ni le tema, no existe reforma ni ley que frene este comportamiento y además, no hay ningún político que garantice que puede erradicar la corrupción de nuestra cultura y su discurso será más carreta de la que hasta el momento hemos escuchado.  

Según un dicho popular “lo que por agua viene por agua se va”. Y Lo más importante es tener presente lo que dicen las Sagradas Escrituras en Mateo 7:2 “Porque con el juicio con que juzguéis, seréis juzgados; y con la medida con que midáis, se os medirá”.  De manera que no hagas a nadie lo que no quieres que te hagan a ti.

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